Archivo de la categoría: Publicistas

On the road

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Que los publicistas son capaces de utilizar sin ningún escrúpulo cualquier sentimiento humano en su propio beneficio es algo que está suficientemente probado.

Un ejemplo reciente: en estos últimos días se emite por televisión un anuncio de BMW en el que se hace alusión a un mítico libro: On the road, En el camino, libro que escribió en 1951, Jack Kerouac (1922-1969) en un largo rollo de papel continuo al que Kerouac llamaba simplemente el rollo.

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El libro, publicado en 1957, es considerado como una especie de Biblia para toda una generación, la Beat Generation. Muchos de sus miembros evolucionarían dando lugar a lo que hoy conocemos como movimiento hippie. Comienzo, pues, de los movimientos juveniles de contestación al sistema, de búsqueda de verdad, autonomía personal, libertad, etc. En nuestro país el movimiento beat llegó un poco retrasado: teníamos antes que quitarnos de encima al dictador y a todos sus demonios. Aunque en muchos de aquellos militantes antifascistas había mucho de beat, de jipi.

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Kerouac hizo los viajes que dieron lugar a este libro en coches destartalados, o preferentemente en autostop o en autobús, con el fin de observarlo todo de cerca y aprender de los pequeños detalles, impregnándose de la realidad cotidiana de sus personajes.

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Mapa de los viajes que Kerouac realizó por Norteamérica y que relatan en En el Camino. Rojo: 1947; Azul: 1949; Verde:1950.

http://es.wikipedia.org/wiki/On_the_Road

El Movimiento beat fue considerado en su país como antiamericano (antiestadounidense) y comunista.

El sentido correcto de término beat según Kerouac guardaría relación con palabras como “beatitud” y “beatífico” para contrarrestar las connotaciones que se le daban en la prensa de la época de “totalmente vencido”, o fracasado, o en el sentido de “ritmo”.

Dice el autor de Beat Generation en Wikipedia:

“Esta “redefinición” que Kerouac hacía del término pretendía orientar hacia imágenes simbólicas del estilo de la derrota u oscuridad necesarias, precedentes a la apertura a la luz y la supresión del ego que conducen a la iluminación religiosa.”

Allen Ginsberg, uno de sus integrantes más famosos, observaba en el prólogo al libro “The Beat Book”, editado por Anne Waldman y Andrew Schelling, otro posible significado: “acabado”, “completo”, en la noche oscura del alma o en la nube del no saber. E incluso “abierto”, en el sentido whitmaniano de “apertura a la humildad”.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Beat_Generation

¿Qué tiene que ver esto con el planteamiento del anuncio de BMW? Absolutamente nada. Su utilización es un truco de publicista. Hoy casi todos los miembros de aquella generación han sido absorbidos por el sistema y cuentan con medios económicos suficientes como para permitirse realizar, en un cochazo de lujo, el viaje que hicieron de jóvenes en autostop. De esa manera se propone regresar mental y emocionalmente a la época dorada pero con los beneficios de la madurez.

Este tipo de trucos es usado no sólo por los publicistas profesionales, sino también por escritores y artistas, que utilizan sus obras como anuncios de la propia obra y de sí mismos, usando los iconos culturales de sus potenciales lectores con el fin de captar su atención y venderles la moto. Es lo que hacen los poetas ególatras, que utilizan cual folclóricas su vida íntima, o los vendedores de enigmas, tan de moda, los vendedores de misterios por descubrir. La vida planteada como una aventura desde el salón de tu casa o sentado en un potente, cómodo y lujoso coche.

Hoy es raro encontrar a un autor que, al realizar su obra, no esté pensando, más que en sus lectores, en el editor, en el crítico. Y lo hace porque sabe que de otra manera quedará inédita. Los empresarios de la cultura actuales no están interesados en obras de arte auténticas que se puedan vender bien, sino en meros productos para la venta. La cultura, el arte, la poesía han pasado a un segundo plano: todo son objetos para el consumo rápido, de usar y tirar.

Además, el consumidor, anestesiado por los publicistas no sabe diferenciar entre lo verdadero y lo falso. Se traga los simulacros como si fueran realidades. No está dispuesto a ser activo propagandista de los auténticos creadores y se conforma con los imitadores. Y esto porque probablemente él también aspire a ser reconocido como autor. Es el fenómeno de la blogosfera: se publica mucho pero se lee poco.

La verdad es que a pesar de lo mucho hay poco que leer.

¿Qué puede hacer un poeta, un artista, que quiera mantenerse al margen de este entramado mercantil, de todo este ruido, de toda esta red de reflejos condicionados creados para obtener un beneficio del consumidor pasivo?

Propongo el siguiente decálogo de principios básicos, a modo de elementos de un juego creador, más que imperativos.

Primero, quizá podrías mirar dentro de ti mismo y a tu alrededor sin anteojeras, buscando en las obras de los pueblos originarios, no contaminados. Segundo, podrías intentar escaparte de la red. Tercero, lo que tú quieras. Cuarto, podrías considerar la posibilidad de no colaborar ni pasiva ni activamente, ni a favor ni en contra del sistema establecido. Quinto, podrías denunciarlo o indagar si es posible despertar en ti una conciencia autónoma, crítico-creativa. Sexto, quizá podrías no comprar las obras de los artistas publicistas. Séptimo, podrías intentar crear, en la medida de tus posibilidades, medios alternativos de publicación y difusión. Octavo, podrías recurrir al lector ansioso de lo originario, de lo auténtico, de obras de arte como On the road, para que las difunda. Noveno, podrías no autoengañarte. Y décimo: lo que a ti se te ocurra.

Estos diez principios se encierran en dos: ama al arte y a los artistas como a ti mismo.

Luis Lucena Canales

Se les ve la máscara

A los que usan el marketing en las relaciones humanas no los entiendo. Siempre están utilizando alguna técnica conductista –normalmente de refuerzo. Hasta que los pillas, claro. Entonces te mandan a la mierda pretendiendo hacerte creer, incluso, que la culpa es tuya.

Ay, los publicistas. Cuándo se darán cuenta de que la máscara, por mucho que disimules, se nota, se ve. Se les ve la máscara. Aunque, también es verdad que son seres humanos, que sienten y padecen como cualquier otro. Así que, en un descuido, notan como les muerde el remordimiento.

Remordimiento que dura justo hasta que el robot interior de auto-refuerzo les grita:

¡Que se te cae la máscara, gilipollas!

No sé que temen, pobres, los publicistas. La máscara, todas las máscaras están vacías. De ese eterno vacío (que los antiguos llamaron Dios) nace su cara, mi cara, todas las caras. Y de las caras, como una excrescencia, las máscaras.

Luis Lucena Canales

Publicistas 2

Esta sección está dedicada a aquellos anuncios en que a sus autores y promotores se les ve el pelo: es decir, no logran disimular cual es el objetivo último del anuncio: vender como sea el producto, recurriendo si es preciso a falsedades, manipulaciones, etc. Es decir, aquellos que son claramente descarados y obscenos (no en el sentido exclusivamente sexual).
También a aquellos que siendo pretendidamente ingeniosos demuestran tan poca gracia que uno se queda así como si no fuera cierto lo que está escuchando o viendo.

Por ejemplo ese de Chevrolet cuyo lema es:

Si no te hace feliz te devolvemos tu dinero.

¡Qué banalidad! ¡Qué confusión!

O ese otro del detergente Punto Matic:

Por el trabajo igualitario en las tareas de casa

Con mucha mala fe, ya que es un anuncio dirigido a las mujeres. Este es el prototipo de mensaje publicitario que reproduce los valores dominantes y explota los deseos del comprador potencial a su favor.
Todo anuncio emplea la sugestión, la proyección de los deseos para enganchar la atención del espectador, rebajar el estado de consciencia por el halago, describiendo un mundo en que se supone quieren vivir los potenciales compradores.

Lo mismo hacen muchos escritores y artistas para vender sus obras, a los que por eso llamo artistas o escritores publicistas.

Pepe Cero

Publicistas

Esta sección está dedicada a aquellos anuncios en que a sus autores y promotores se les ve el pelo: es decir, no logran disimular cual es el objetivo último del anuncio: vender como sea el producto, recurriendo si es preciso a falsedades, manipulaciones, etc. Es decir, aquellos que son claramente descarados y obscenos (no en el sentido exclusivamente sexual).
También a aquellos que siendo pretendidamente ingeniosos demuestran tan poca gracia que uno se queda así como si no fuera cierto lo que está escuchando o viendo.

Primera muestra: habréis visto supongo ese de Telefónica que termina:

Internet es así: comienzas con un blog y terminas firmando autógrafos a japoneses.

Lo cual además de ser falso es tendencioso, apunta a los bajos instintos y además no tiene gracia. No obstante, quizá exprese el deseo de más de un blogger.

Segunda muestra: ese otro que anuncia el turismo en Asturias y utiliza como reclamo al Oso Yogui.
¡Dios mío, qué falta de criterio! Sólo faltaba que lo eligieran como mascota del Principado. Lo cual, seguramente, no preocuparía a los publicistas y promotores con tal de conseguir sus propósitos.

Si recuerdas alguno ponlo aquí, en los comentarios.

Pepe Cero