“Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.
El caso de John Kennedy Toole no es el primero, ni será el último en el que los editores demuestran ser lo que son: mercaderes sin escrúpulos de la cultura. No solamente le rechazaron la publicación sino que después de su muerte incluyen (como reclamo publicitario) cínicamente la noticia de que se suicidó a causa de esta negativa y convierten la novela en un éxito editorial.
Dice una de estas editoriales:
Tras terminar La Conjura De Los Necios, a sus 32 años, el autor intentó infructuosamente que la publicasen. Ello derivó en una profunda depresión que le condujo al suicidio. Gracias a la tenacidad e insistencia de su madre hoy podemos disfrutar de esta deliciosa obra galardonada con el Premio Pulitzer.
http://cuantoyporquetanto.com/htm/libros/libros_laconjuradelosnecios.htm
Eso sí que es cerrar el despiadado círculo que demuestra que los mercaderes no tienen corazón y que todo, absolutamente todo, hasta la necedad que denuncia Toole, la propia necedad, pueden convertirla en una mercancía. Sé que con esta afirmación me cierro definitivamente las puertas al mundo editorial y al mundillo (nunca mejor aplicado el diminutivo) literario (al que por otra parte nunca quise pertenecer) pero lo hago conscientemente: se puede crear en la cárcel que te imponen otros, pero nunca en la que uno se impone a sí mismo.
El negocio de la literatura da como resultado negación de todo aquello que suponga no sólo novedad, es decir, riesgo para el empresario sino también verdad. Dice Joan Fuster en Miseria de la literatura (1975):
“Al fin y al cabo, con la maquinita de Gutenberg, el libro se convirtió en una industria digna de cultivo, y quienes se dedicaban a ella procuraron satisfacer al mercado”.
Pero he aquí que llega la Web 2.0. y el fenómeno de los blogs por los cuales usted, carísimo lector, puede leerme a mí y a tantos otros despreciados por los intermediarios (agentes o perros guardianes de la propiedad privada) y por los propietarios de los medios de edición.
En el mundillo de la literatura cualquier editor quiere ser un Lara y cualquier escritor un premiado o finalista del premio Planeta porque a partir de ese momento, aparte de la cuantía monetaria, independientemente de los valores literarios, se es alguien… pero como yo no quiero ser sino el nadie que soy, como Pessoa (Sí, ya sé que nunca alguien seré) tengo la libertad de decir lo que digo y usted de leerlo, gracias a la publicabilidad no mediatizada de la Web 2.0.
¡Gracias sean dadas a la Diosa Web!Aunque también aquí se cuecen habas. Esto tiene sus rankings, sus luchas por el poder por la visibilidad, sus publicistas, sus mamoneos… sus inventos… y por eso surgen inventores de lo ya inventado, blogs de exquisitos, incursiones de los grandes medios y con valores asegurados en la literatura convencional y otras coñas que demuestran que no es oro todo lo que reluce y que, aunque tres o cuatro lectores lleguen a este blog (y otros semejantes), que conservan su independencia gracias a que sus autores hablan claro, la mayoría de los lectores de blogs quedan prendidos, perdido el hilo de Ariadna, en las redes de la Araña Digital, sugestionados por los cantos de sirena de los que pueden más y son, existen.
Los necios, pues, se conjuran contra los no necios, que no son necesariamente los listos. Los listos son los comerciantes que al final siempre salen ganando. Efectivamente, parece que los editores le vieron el plumero a Toole, sobre todo Simon and Schuster, cuando rehusaron su novela aduciendo: que era un libro que no trataba de nada en concreto.
http://es.wikipedia.org/wiki/La_conjura_de_los_necios
Es decir, que no trataba de nada inteligible para ellos, es decir, nada que les pudiera aportar unas ganancias en el más breve lapsus de tiempo. Se equivocaron… o no se equivocaron ya que aún su autor no se había suicidado, proporcionando con ello a los editores un valor de promoción incalculable.
A pesar de la descarada publicidad, lo que no dicen los editores es que La conjura de los necios es, en la metáfora de un genio, o sea, un cachorro inadaptado buscando trabajo en una sociedad de hienas, y por toda su peripecia de publicación, un alegato contra la mediocridad y vulgaridad de los escritores publicistas y los editores, contra sus necias prácticas comerciales, su ceguera para ver más allá de los currículos y el negocio asegurado.
No obstante, La conjura de los necios puede llegar a ser la biblia de los resentidos y llevarnos a meter a todos editores en el mismo saco, quizá, pero no hay alternativa: o se sale uno del saco y le importa un bledo publicar o no publicar (y en Internet ser visible, existir, ser o no ser nadie) o se verá sometido, irremisiblemente, por la conjura de los necios.
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